Sobre nosotros

¿Quiénes somos?

No crecí en una familia perfecta. De hecho, crecí en una casa donde el abuso sexual, el alcoholismo y la violencia doméstica no eran historias ajenas. Eran parte del aire que se respiraba.
He visto a mi hermano perderse en las garras de la adicción, luchar con todo su ser por salir… y fracasar una y otra vez, no por falta de ganas, sino por no tener un mapa claro. He sentido de cerca el llanto de una madre con el corazón desgarrado, pidiendo respuestas, culpándose, rompiéndose.

Y yo mismo me rompí también.
Mi divorcio fue mi punto de quiebre. Fue ese momento en que toqué fondo y me vi cara a cara con la versión de mí que no quería ver. Fue doloroso, desgastante, pero también transformador. Porque fue ahí, en ese caos, donde encontré el primer ladrillo para reconstruirme.
Ese proceso me enseñó a ser mejor hombre, mejor padre, y con el tiempo… mejor esposo.

Hoy soy contador público, con tres décadas de experiencia en el mundo de las finanzas. Pero también soy psicólogo. Y si llegué hasta aquí, es porque entendí que todo ese dolor tenía un propósito: transformarse en servicio. Porque lo que aprendí —en la teoría y en la vida— no me lo quiero guardar.

Mi vocación es acompañar. A hombres que se sienten rotos. A parejas que dudan si seguir o separarse. A familias que viven con el alma hecha nudos por la adicción de un ser querido.

Y no camino solo.

Mi esposa también viene del dolor. Su historia es la de una mujer atrapada durante 18 años en un matrimonio violento, donde su voz era silenciada y su autoestima, pisoteada. Vivió con miedo, frustración y la terrible sensación de que nada cambiaría.
Pero un día cambió. Y nos encontramos.

Ella me enseñó a amar sin máscaras. Y yo le enseñé a volar sin cadenas.
Hoy es psicóloga clínica especializada en adicciones. Acompaña a personas que viven entre la codependencia y la desesperanza, y con una mirada compasiva —forjada en su historia— los guía a recuperar su dignidad, su libertad y su vida.

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